Zombra la controversia del arte urbano en un tag

Zombra la controversia del arte urbano en un tag

Zombra es una artista del mural lettering que ha sido considerado uno de los mejores grafiteros de México, te contamos la razón.

Las paredes en el olvido es a donde pertenece el graffiti, un arte que su naturaleza es por sí misma la clandestinidad al ser considerado “invasor” del espacio público.

Pero, si no fuera por esto no tendríamos a los hoy llamados artistas urbanos, que deben practicar e iniciarse en el muralismo a partir de una manera.

ntervención de Zombra en Taipei, Taiwan.

Asimismo, el propósito del arte no es solamente agradar y deleitar a los sentidos, como dice una frase el objetivo del arte es consolar a los perturbados y perturbar a los consolados.

Si no mueve emociones, entonces pasa a ser otra cosa insignificante. Por ejemplo, unas letras sobre un muro pueden llegar a pasar desapercibidas o resultar molestas. Pero qué sucede cuando estas letras comienzan a aparecer en toda la ciudad; es aquí cuando comienzas a cuestionarte sobre ellas y preguntarte por qué lo habrá hecho el artista o qué busca decir con esto.

Así es el trabajo de Zombra, uno de los primeros artistas de graffiti en México en comenzar a hacer su acto performático en el escenario urbano al rayar paredes con su tag (firma) con la técnica del bombing. Ha firmado en edificios, monumentos, vehículos y mobiliario urbano, siguiendo la premisa que entre más peligroso e ilegal es el lugar, es mejor.

Su firma se ha vuelto parte de la cotidianeidad de una de las ciudades más grandes del mundo, hasta ha sido llamado a taggear en reconocidas galerías de arte nacionales y del extranjero, además es parte de una de las comunidades de graffiti más importantes “246 Crew”.

Este año 2020 Zombra o cómo llega a firmar ZO, ha levantado aún más controversia al taggear sobre un mural realizado por una ilustradora muy conocida de nombre Sarah Andersen.

Esto despertó un serio debate en redes sociales, donde se enfrentaron varios puntos de vista alrededor del graffiti. Unas opiniones criticando a Zombra por el acto destructivo sobre lo que sí considera una obra de arte.

Pero otros, cuestionando el auge que han tomado los murales pagados por empresas para fines de marketing y publicidad que se han apropiado de los movimientos contraculturales para sacar partido y lucrar.

Otros, ven en el acto fines de publicidad en Zombra quienes lo acusan de vender lo que hace como ilegal, pero ahora él mismo ya vende su imagen con una marca de ropa y expone en el extranjero.

Al final, el buen graffiti como arte logra su cometido, mover emociones y hacernos dialogar sobre nuestra realidad.

Nota: El colectivo Disruptor no apoya el tag o pintado sobre monumentos históricos o cualquier patrimonio cultural